Visión Azul y Oro: “¿Quién dijo miedo? ¡Yo! (Guillermo Vázquez)”

Nadie puede estar contento después del desempeño que mostraron los Pumas en San Nicolás de los Garza, ni siquiera los más optimistas pueden aprobar lo que ocurrió este sábado, aunque seguro habrá quien diga lo contrario sólo por molestar.
Todavía no defino qué fue lo que me molestó más del equipo: La cobardía con la que saltaron al campo cediéndole la iniciativa a los locales y dejando desarrollar el poco fútbol que tienen los equipos de Ferretti, el desorden defensivo que privó en los dos goles de Tigres o la poca capacidad de reacción que tuvieron los del Pedregal.
Pensándolo bien, fue la actitud timorata lo que me pareció mas vergonzoso en el partido, que Guillermo Vázquez respetara demasiado a quien fue “su maestro” y que al parecer le aprendió de mala forma eso de ser mezquino, poco arriesgado y resultadista. El problema es que el ‘Tuca’ lo sabía y tuvo el colmillo para poner a la ‘Chilindrina’ a competir con Fernando Espinoza en velocidad, una batalla que el mexicano tenía completamente perdida.
Todo el estadio se dio cuenta menos el técnico y en lugar de intentar algún ajuste como poner a Fuentes, que con todo y sus fallas hubiera puesto más nervioso a Alvarez, prefirió hacer los cambios por el otro sector. Una de esas modificaciones fue el ingreso de Fernando Morales al que veo cada vez más repuesto en lo físico, pero todavía le falta confianza cuando se trata de pelear un balón, aún le tiene cierto temor a los contactos y procura meterse en la menor cantidad de broncas posibles en ese sentido, cuestión de tiempo creo yo, para que vuelva a ser el mismo zurdo de siempre.
Una vez más hay que recordarle a Martín Bravo que no juega solo y que los goles que ha conseguido también son por prestar la pelota, triangular y moverse sin el balón… conceptos básicos que olvidó el argentino porque se le subió lo ‘figura’ y creyó que él solito iba a poder salvarle la plana al equipo.
Se viene un arma de dos filos para Pumas esta semana, las jornadas dobles al final de un torneo pueden ser la catapulta a la liguilla o la caída al sótano de la descalificación. De los nueve puntos posibles ya se fueron tres, pero todavía se puede pensar en algo importante con los seis restantes y un poco de suerte, el problema es que no habrá tiempo para corregir en lo que se falló, porque si no se ha podido en cuatro meses, no se podrá en cuatro días.
Danos tu opinión.
Por Luis Arteaga, colaborador de DalePumas.com
Foto: Mexsport

Efraín Velarde
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